
Todavía en Hermosillo.

Mini Boy destronchando en la Loma Linda.

Fuimos a ver si nos podíamos colar a una alberca privada para patinarla, salió la dueña y, después de 10 años,
la ruquita de la casa reconoció al Molina y dijo: "¿Quieren entrar a patinar en la alberca, verdad?". Y no nos dejó entrar.

Entonces subimos a ver la puesta del sol.

Puro good times.

Cero hippies.




